Los últimos pastoreos por la campiña.


La silueta de un pastor se recorta contra el sol en la campiña andaluza, una imagen icónica de un oficio ancestral en declive.
Ovejas y cabras cruzan una carretera en la campiña de Andalucía, un choque cotidiano entre el pastoreo tradicional y la vida moderna.

En la campiña de Andalucía, entre campos abiertos y horizontes suaves, una figura ancestral se enfrenta a una desaparición silenciosa: el pastor de cabras y ovejas. Este oficio milenario, que durante siglos sostuvo a comunidades rurales enteras y dio forma al paisaje andaluz, atraviesa hoy un profundo declive. El pastoreo tradicional, íntimamente ligado al territorio y a los ritmos de la naturaleza, se convierte así en un símbolo de un mundo rural en transformación.

El rebaño avanza envuelto en polvo al atardecer, mientras el paisaje rural andaluz conserva la huella del pastoreo de siempre.
Un rebaño recorre campos abiertos en la campiña andaluza, un territorio modelado durante siglos por la ganadería extensiva.

Durante generaciones, el pastoreo ha sido una actividad esencial para el equilibrio ecológico de la campiña andaluza. Basado en un conocimiento transmitido de padres a hijos, el trabajo del pastor combina experiencia, observación y adaptación constante al entorno. Los rebaños aprovechan los pastos naturales, y su presencia contribuye al control de la vegetación. Las ovejas mantienen a raya las hierbas, mientras que las cabras, capaces de alimentarse de matorral más resistente, ayudan a prevenir incendios y a conservar un paisaje diverso y sostenible.

En la campiña de Andalucía, un pastor y un niño acompañan al rebaño con ayuda de un burro y los perros. La escena muestra cómo el pastoreo tradicional se transmite de generación en generación en un oficio en peligro de desaparición.
Pastores, perros y un burro de carga acompañan al rebaño en una jornada larga bajo el sol de la campiña de Andalucía.

Sin embargo, esta forma de vida tradicional se encuentra hoy seriamente amenazada. El envejecimiento de los pastores y la falta de relevo generacional han reducido drásticamente el número de personas dispuestas a continuar con el oficio. A ello se suman los bajos precios de la leche y la carne, junto con el incremento de los costes de producción, factores que hacen que el pastoreo extensivo resulte cada vez menos viable desde el punto de vista económico.

Varios pastores coordinan el paso del rebaño hacia un cercado, una escena que muestra la logística diaria del pastoreo tradicional.
Un pastor descansa bajo un árbol junto al burro, reflejo de la dureza física del pastoreo en la campiña andaluza.

La transformación del territorio ha acelerado este proceso. La expansión urbana, el cambio de uso del suelo y la intensificación agrícola han limitado los espacios disponibles para el pastoreo, fragmentando antiguas rutas y dificultando el acceso a pastos comunales. El impacto del cambio climático agrava aún más la situación, con periodos de sequía prolongados y precipitaciones irregulares que afectan directamente a la calidad y disponibilidad de los pastos naturales.

Un pastor joven guía al rebaño, una imagen esperanzadora en un oficio marcado por el envejecimiento y la falta de relevo generacional.
Los jóvenes acompañan al rebaño al final del día: una escena que resume cómo el pastoreo convive —a veces con fricción— con el mundo actual.

A pesar de este contexto adverso, algunos pastores continúan resistiendo en distintos puntos de la campiña andaluza. Pequeños rebaños siguen recorriendo el campo guiados por quienes han decidido permanecer fieles a esta forma de vida. Además de preservar una tradición cultural de enorme valor, estos pastores producen alimentos de alta calidad y participan en iniciativas locales que promueven la ganadería extensiva, el consumo responsable y la defensa del territorio.

Un pastor se hidrata durante la jornada junto al burro y los perros, piezas esenciales del pastoreo tradicional en Andalucía.
El rebaño se concentra para beber en un cauce, un recurso vital cada vez más condicionado por la sequía en la campiña andaluza.

El futuro del pastoreo tradicional en Andalucía es incierto, pero su importancia es incuestionable. Instituciones, cooperativas y organizaciones agrarias trabajan para poner en valor una actividad clave para la sostenibilidad del medio rural y la conservación de la biodiversidad. Mientras tanto, cada rebaño que avanza lentamente por la campiña recuerda que el legado de los pastores sigue vivo en el paisaje, en la memoria colectiva y en una forma de entender la relación entre el ser humano y la naturaleza.

El rebaño avanza bajo las ruinas del castillo de Dos Hermanas, recordando la profundidad histórica del pastoreo en el paisaje rural andaluz.
Desde lo alto, el rebaño dibuja una ruta sobre el terreno seco: el movimiento continuo que sostiene la ganadería extensiva tradicional.
Un cordero que se había separado del rebaño es rescatado por los pastores, una escena que refleja el cuidado constante y la atención individual que requiere el pastoreo tradicional.