

En la campiña de Andalucía, entre campos abiertos y horizontes suaves, una figura ancestral se enfrenta a una desaparición silenciosa: el pastor de cabras y ovejas. Este oficio milenario, que durante siglos sostuvo a comunidades rurales enteras y dio forma al paisaje andaluz, atraviesa hoy un profundo declive. El pastoreo tradicional, íntimamente ligado al territorio y a los ritmos de la naturaleza, se convierte así en un símbolo de un mundo rural en transformación.


Durante generaciones, el pastoreo ha sido una actividad esencial para el equilibrio ecológico de la campiña andaluza. Basado en un conocimiento transmitido de padres a hijos, el trabajo del pastor combina experiencia, observación y adaptación constante al entorno. Los rebaños aprovechan los pastos naturales, y su presencia contribuye al control de la vegetación. Las ovejas mantienen a raya las hierbas, mientras que las cabras, capaces de alimentarse de matorral más resistente, ayudan a prevenir incendios y a conservar un paisaje diverso y sostenible.


Sin embargo, esta forma de vida tradicional se encuentra hoy seriamente amenazada. El envejecimiento de los pastores y la falta de relevo generacional han reducido drásticamente el número de personas dispuestas a continuar con el oficio. A ello se suman los bajos precios de la leche y la carne, junto con el incremento de los costes de producción, factores que hacen que el pastoreo extensivo resulte cada vez menos viable desde el punto de vista económico.


La transformación del territorio ha acelerado este proceso. La expansión urbana, el cambio de uso del suelo y la intensificación agrícola han limitado los espacios disponibles para el pastoreo, fragmentando antiguas rutas y dificultando el acceso a pastos comunales. El impacto del cambio climático agrava aún más la situación, con periodos de sequía prolongados y precipitaciones irregulares que afectan directamente a la calidad y disponibilidad de los pastos naturales.


A pesar de este contexto adverso, algunos pastores continúan resistiendo en distintos puntos de la campiña andaluza. Pequeños rebaños siguen recorriendo el campo guiados por quienes han decidido permanecer fieles a esta forma de vida. Además de preservar una tradición cultural de enorme valor, estos pastores producen alimentos de alta calidad y participan en iniciativas locales que promueven la ganadería extensiva, el consumo responsable y la defensa del territorio.


El futuro del pastoreo tradicional en Andalucía es incierto, pero su importancia es incuestionable. Instituciones, cooperativas y organizaciones agrarias trabajan para poner en valor una actividad clave para la sostenibilidad del medio rural y la conservación de la biodiversidad. Mientras tanto, cada rebaño que avanza lentamente por la campiña recuerda que el legado de los pastores sigue vivo en el paisaje, en la memoria colectiva y en una forma de entender la relación entre el ser humano y la naturaleza.


